EL ABANICO EN LAS ARTES DECORATIVAS. VALOR DE MERCADO DEL ABANICO ISABELINO.

Historia y Tipología

El abanico es un instrumento y un complemento de moda, inventado y fabricado para que de forma manual, al mover el aire, pudiese refrescar a la persona que lo portaba. También les servía a las señoras para hablar entre ellas cuando no querían que nadie supiese que estaban diciendo. En la segunda mitad del siglo XIX comenzó el coleccionismo de abanico, hoy día los encontramos abiertos y enmarcados. En el mercado podemos encontrarnos centenares de abanicos diferentes: de novia, de lujo,… Todos ellos parten de tres estructuras:

  1. fijo o pantalla– se trata de una estructura rígida de forma oval o circular, recubierta por una lámina tensada de papel u otro material, y un mango central. Los más antiguos no tenían estructura base y estaban formados por plumas o ramas vegetales ensambladas a un mango de madera.
  2. baraja– son abanicos fabricados sólo con varillas, sin el país o paisaje. Suelen hacerse de marfil, nácar, carey o de madera. Las varillas son de pala ancha y suelen ir calados, las varillas suelen estar unidas y llevar un pequeño tope, a veces están unidos con una pequeña cinta. Son reversibles porque se abren tanto hacia la derecha como hacia la izquierda.
  3. plegable– posee un país plegado montado sobre el varillaje. Este país puede ser de múltiples materiales: papel, tela,… Se dice que un artífice japonés se inspiró en las alas de un murciélago para crearlo.

Antes de recorrer su historia y tipología, veamos las distintas partes de un abanico:

  •  Baraja: Base rígida y plegable del abanico.
  •  País o Paisaje: Tela que va adherida a la baraja. Los abanicos que no tienen país se denominan de baraja o simplemente barajas.
  •  Varillas: Madera que puede ir calada o pintada.
  •  Caberas: Primera y última varilla, más gruesas que el resto.
  •  Calado: Agujeros realizados sobre las varillas.

Sus orígenes históricos se remontan a la civilización egipcia, estaban formados por un penacho de diferentes materiales: plumas, tejidos o fibras vegetales; que se sujetaban por medio de un mango largo, estos primeros abanicos eran litúrgicos. Si las plumas eran de avestruz o pavo, se le consideraba como un símbolo de poder, asociado al faraón y a su familia. En Japón, los ejemplares más antiguos se usaban como complemento masculino. El abanico plegable se remonta al siglo XI, aunque ya en el siglo VII un japonés diseñó un abanico que se plegaba siguiendo la estructura de las alas de un murciélago. Los abanicos llegan a Europa, procedentes de Asia, en el siglo XV. La modalidad de plegable aparece en el XVI, probablemente a través de Portugal, país que mantenía un importante comercio con Oriente. En el viaje que Dª María Manuela de Portugal realizó a España en 1543 para casarse con Felipe II, se relaciona un “abanillo” constituyendo una de las primeras referencias de esta nueva modalidad de abanico y, convirtiéndose desde entonces en un objeto habitual de las mujeres de la Corte. Los primeros fabricantes de abanicos en el continente europeo son los italianos, en el XVI, seguidos de los franceses a mediados del XVII y llevados a su máximo esplendor en los reinados de Luís XIV y Luís XV en donde eran un complemento indispensable y en cuya fabricación se utilizaban materiales de diversa índole. Desde mediados del siglo XVII el abanico es ya un objeto de moda, generalizándose su uso entre las mujeres de todas las condiciones en la centuria siguiente. En esta época, se convierte en un complemento femenino imprescindible, utilizándose, además de su función original, para ocultar o mostrar emociones.

Será a partir del siglo XVIII cuando surjan diferentes modelos dependiendo de los distintos actos sociales. En Holanda apareció el llamado abanico de iglesia, decorado con representaciones bíblicas. Los franceses de época barroca se decoraron con motivos mitológicos mientras que durante el periodo rococó lo hicieron con escenas galantes. En Inglaterra se colocaron grabados en papel en los países, donde vemos escenas galantes, históricas y políticas, esta opción abarataba el coste del abanico. Los alemanes del siglo XVIII son muy curiosos, inventaron una varilla central hueca donde ponían unos muñecos que se asomaban al tirar de un hilito.

Los abanicos japoneses y chinos son verdaderas obras de arte, algunos con varillas impregnadas de fragancias. En América hay que destacar la plumería de épocas precolombinas y los que aún se siguen haciendo en Venezuela y Ecuador con fibras trenzadas y plumas de aves de muchos colores.

En España destacan los denominados abanicos isabelinos (XIX) que van a juego con la indumentaria de la mujer y se convierten en un complemento imprescindible, de los que hablaremos más adelante.

Después vendrían los abanicos alfonsinos  (último cuarto del XIX) con varillaje de nácar, hueso y, a veces, de madera; en el país es frecuente el uso de tul, encaje y la gasa y en cuanto a la decoración aparecen jóvenes con túnicas al viento muy ligeras, anticipando el modelo modernista, el amorcillo revoloteando o la joven en el aire entre nubes.

También se hicieron abanicos con varillaje de caña y país de papel blanco, destinados a ser dedicados. También se hacían por encargo con pinturas escogidas, o bien a juego con la ropa, y eran frecuentes los abanicos de recuerdo, decorados con escenas típicas de un acontecimiento importante. Los abanicos imperio realizados en Madrid son de pequeño tamaño y realizados en madera y hueso. Otros son los pericones, abanicos de gran formato fabricados en España, que suelen estar muy bien decorados.

Los de Primera Comunión en los que se hacía el retrato de la niña. Los abanicos de boda, cuyo origen encontramos en el siglo XVIII, cuando un miembro de la realeza iba a casarse, obsequiaba a la novia con una abanico realizado en marfil, hueso o nácar para el varillaje, y encaje blanco en el país, en muchas ocasiones solía llevar incrustaciones de oro, plata o esmalte. Entre los pintados solían verse escenas amorosas, relativas al matrimonio, ramos de rosas, guirnaldas de flores o la representación del retrato de los novios. También encontraremos abanicos de luto o de medio luto.

Otros tipos muy utilizados son: mil caras, violín, vara y media, maderas olorosas, mágico o de truco, miniatura, para el bolso,…

El Abanico en España: el abanico Isabelino

Como hemos mencionado anteriormente, en España fue el matrimonio entre Felipe II y doña María Manuela de Portugal en 1543 el que puso de moda el abanico en la Corte. Un siglo después, los franceses se pondrían a la cabeza en fabricar los abanicos, lo que acarreó que algunos los pintores españoles fingiera que los abanicos que pintaban procedían del país vecino. En el siglo XVIII Valencia se convierte en uno de los más importantes centros productores de España, gracias a la llegada del artesano francés Eugenio Prosa, en este mismo siglo se crea el Gremio de Abaniqueros, y finalmente, se funda la Real Fábrica de Abanicos en la ciudad de Valencia. Desde 1850 el gusto burgués intensificará la tendencia historicista, el eclecticismo y el afán por lo exótico; es el llamado estilo isabelino. En los abanicos de esta época (s.XIX), destacan los varillajes con fuentes mucho más desarrolladas, trabajadas y de formas bulbosas y complejas. Resultan típicos los de nácar calado y decorado con labor de pointillé  (decoración con calados en forma de puntos diminutos) así como los de hueso o marfil con profusa labor de piqué  (inserción al calor de pequeños puntos de plata, oro u otro metal). Se recuperan los motivos ornamentales a la manera de las chinoiseries  dieciochescas,  las escenas clásicas y las de tipo galante muchas veces con anacronismos en la indumentaria de los personajes. En las últimas décadas del siglo se reaccionará ante ese recargamiento entre la burguesía más ilustrada, deseosa de objetos únicos e inimitables como sello de diferenciación y exclusividad, lo que provocará que la producción se separe en dos sectores; los abanicos de calidad y lujo, por un lado, y los populares, por otro. Las damas elegantes del siglo XIX debían ceñirse a una etiqueta que determinaba qué traje se debía utilizar en cada ocasión. No era igual un vestido para ir a misa o a visitar a una amiga, que el que se empleaba para acudir a un baile. El abanico se convirtió en un complemento indispensable del vestuario femenino, con cuyo vestuario debía ir en consonancia. Durante el periodo Isabelino (1830-1868), podemos apreciar una creciente demanda de objetos relacionados con la indumentaria. En este sentido el abanico va a experimentar un gran auge entre las damas españolas, pudiendo asistir desde mediados del siglo XIX a una proliferación de comercios y talleres dedicados a la sastrería y sus complementos. Como capital de España, Madrid fue la urbe donde se distribuían la mayor parte de los abanicos de nuestro país. Se establecieron gran cantidad de almacenes y tiendas, que vendían y también fabricaban, no solo abanicos, sino otros complementos como paraguas, sombrillas o bastones.

La tipología abaniquera de este periodo es muy variada, pero en general las piezas se caracterizan por un mayor tamaño, una fuente más amplia y una decoración más profusa, tanto en el varillaje como en el país. Los materiales empleados en el varillaje serán principalmente la madera, el asta, el carey y el marfil. Las varillas suelen ser más anchas y redondeadas, con decoraciones caladas y doradas. Las guardas pueden presentar motivos de pedrería, camafeos o bien espejos, que permitían a la mujer no solo mirarse para retocar su maquillaje, sino también ver lo que sucedía tras ella. Los países podían ser de tela o bien de papel impreso, generalmente con litografías coloreadas, que suponen la principal aportación de este siglo en relación al abanico, permitiendo además una gran popularización del mismo. La decoración es más profusa y abigarrada, desarrollándose en anverso y reverso y completándose con orlas doradas de motivos vegetales y florales.

Valor de Mercado

El mercado del abanico es bastante exclusivo, las piezas más estimadas son las del siglo XVIII y aun así, su coste suele ser muy bajo con respecto al valor real de la pieza. En España son muy valorados los abanicos alfonsinos, los isabelinos y algunos realizados en época modernista. Les siguen los franceses y en menor medida los mercados. Es normal encontrarlos en las casas de subastas europeas y muy rara vez en las americanas.

Son piezas muy frágiles y difíciles de conservar y restaurar. Sus materiales determinan su cuantía en el mercado de los coleccionistas, no se valorará igual un abanico cuyo país sea papel litografiado y su varillaje sea de nácar, que un abanico de país pintado y el mismo material para el varillaje; si el país va firmado por un importante pintor, si se han empleado piedras semipreciosas o incrustaciones de oro o plata; si lo usó Luis XIV o una dama de la Corte; si se posee el estuche donde se guardaba o bien está protegido con una abaniquera.

El abanico isabelino no es una excepción, su precio en el mercado ronda los 100€ hasta llegar a los 250€ dependiendo de los materiales o de quién fue su propietario. En la actualidad, en las casas de subastas españolas, es habitual encontrar estas piezas vendidas por lotes y muy rara vez solas, pero lo cierto es que forman parte de nuestra vida, y que detrás de cada uno de ellos puede haber una historia apasionante o no…

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Acerca de peritoantiques

En Perito Antiques nos gusta tratar las Antigüedades con el respeto que se merecen, como parte de nuestra Historia.
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